
jueves, 22 de febrero de 2007
viernes, 16 de febrero de 2007
DAFNE
Antes que el laurel existiese, antes que tú misma te volvieras laurel, la mano de un hombre estrechaba el Universo a través de un cuerpo de mujer, y las constelaciones se reflejaban en todos los océanos de la sangre y todos los ríos corrían de la montaña al mar. Antes que tú misma fueras este árbol imposible, las ramas silvestres se movían ante el viento del amor. Las ventanas que daban a los parques se abrían en verano y se cerraban en invierno de la misma manera con que una mujer y un hombre desplegaban las naves de la noche. Y todo barco zarpaba por la piel del otro sin peligro de lo ignoto. Ya que rompiste las cadenas de oro que reúnen a los astros con los dioses y que exiliaste a los dioses hacia un Olimpo destruido, y que dejaste solas a las estrellas y sin abrigo a los animales del campo, no tengo más sortilegio que estas palabras.
Si hubieras sido mi hija por lo menos, te hubiese amado en la distancia acompañado, me hubieras amado como se ama a un roble en la selva peligrosa. Y tal vez desnuda me hubieras seducido y yo, valga decirlo, no me hubiera negado. Sin temor al pecado de los hombres, te hubiera poseído en el abrazo de los planetas. Si hubieras sido mi madre por lo menos, contaría contigo incluso en las horas de la angustia y la traición, y me hubiera sentido pequeño ante la inmensidad del aire que da vida a las plantas, a los ríos, a los animales y a los pensamientos, y te hubiese poseído con todas mis garras para no ser expulsado del paraíso. Si hubieras sido por lo menos mi hermana, las sábanas filiales se mancharían del oro de los cuerpos, de la plata de las caricias, del hierro del oprobio, pero juntos.
Contigo perdí no sólo los ojos que continuaban mi sueño, sino todo el beso universal. Los vínculos cayeron sobre la loza de los palacios. Entonces con mis palabras ineptas te he transformado en este arbusto, en este árbol, en esta rama. Hoy que no tengo reino ni patria, ni madre ni hija ni hermana, me declaro príncipe del desierto, sólo para lucir en mi cabeza la belleza de tus hojas.
ESE INÚTIL TRABAJO DE QUERERTE
la añorada calma de esos días. El sol
traía los carros de las bodas y los niños jugando
relevaban toda melancolía ¡Cómo perece
la discordia cuando la calma colma! Y la vida
no encuentra aún su declive, mucho falta
tal vez para el final ¿Debe uno permanecer
en la calma de los inviernos totalmente borracho?
pero, como te digo, no he podido olvidarte
y a veces, echado ante el océano, como un holgazán
creo poder alcanzarte con la mano
mas la imagen se esfuma finalmente en el horizonte
—cada cuerpo con su viaje
todavía me gustan las cosas que se marcharán
antes que nosotros. El problema del deseo
no es su imposible como sí su condición. He ahí
el horizonte. He ahí los pájaros. Y el sol
CANTO DE AMOR CONTEMPLATIVO
ella se viste coralmente, aún el vapor
de la ducha está fresco en sus ojos, el aire
es gas hacia el cielo, sus vestidos se mueven
sinuosamente en el laberinto del amanecer
ella dice es temprano, y lo puede hacer, es
joven en el palacio del tiempo, sus mejillas
redondean el mundo, puede salir o quedarse
romper el alba con deseo, anunciar la tarde
o pedir un viejo bastón a qué aferrarse, puede
cambiar el mundo con un dedo índice, ella
puede soñar cosas triviales, puede errar
porque es temprano, según le oigo, aspirar
el gas de música, tocar el oxígeno inasible
con su voz fácil
—en medio de la tarde lucirá
otro maquillaje, su cuerpo exhibirá fragmentos
de ruina cambiante y belleza de piedra, rasgos
de deseo persistente, en sus ojos el sol lleno
le restará mirada, pura estará, sorteada
por las manos de la atmósfera, implacable
como el clima
CANNABIS
humo del olvido humo de la memoria
la isla de la soledad está cerca, se mueve
como el sueño del Caribe, bajo un sol
plácido en la arena de los demonios, más allá
de la frontera de los ojos, más allá del olfato
del oído, pierdes, extravías las imágenes
y se resuelven en el humo del olvido y la memoria
la vida es una abulia con cabellera envejecida
la vida es del color de los naufragios
la vida es una isla que se aleja
nada sueña el que sueña, nada prevalece
en el artificio, nada miente el que miente, nada
prevalece en la palabra, nada sueña el que vive
en el límite del sueño y del humo, en la
circular felicidad que no habla ni comprende
—puede decir el hombre todo lo que sueño es
mi esperanza, pero nada espera el que espera
sólo humo barajando las imágenes, como un disparo
perdido en el follaje, o mera sombra de belleza
EN EL DÍA DEL YO SE ANUNCIA EL VERANO
fin de octubre. El aroma del sol
emerge del océano de techos. Vaho
de la siesta del paisaje. En su interior
las cosas hablan y se miran entre sí
asistidas por la atmósfera diáfana
del actual clima. Los colegios deberían
salir de vacaciones, no debería bajo este sol
nadie sufrir las palpitaciones del trabajo. He
visto arder todos los paisajes de la ciudad
que hace diez años me acogió. En mi cabeza
se ufanan los recuerdos ardientes. Sobre las iglesias
vuelan las almas de los amigos que murieron. Sobre
las palmeras el propio cielo juega con cocoteros
y ninguna emoción conmueve mi carácter
y he vivido hasta ahora como un enfermo del pensamiento
con un tumor mental metastasiado hasta los rincones
más exclusivos del alma. Sí, como un enfermo
de la razón, con una cabeza colgada de una nube
y un cuerpo destartalado entre queridas: de ellas
aprendí los equinoccios del corazón: de ellas
aprendí la soledad y el egoísmo y la bendita
necesidad de diferenciarme
dejemos atrás todo eso
ahora que el sol ha vuelto y deja ver todos los incendios
cometidos en la oscuridad como una forma desesperada
de poner luz. Ahora vemos los resultados: hermosas
destrucciones, ciudades interiores completamente cenicientas
libremente encerrado en la cárcel de uno mismo
hago un esfuerzo por salir al paisaje, después
de tantos años de vagabundear en un metro cuadrado
tan ilimitado tan infinito tan siniestro
no hallé nada
no me avergüenza decirlo. ¡Qué mejor! Hallarse
en mitad de la vida con el futuro abierto, como quien dice
no he construido ninguna casa, no he tenido hijos
ni fundé un hogar, no he regado jardines, no he
ostentado puestos públicos, mi lugar en la ciudad
es tan inútil y tan plácido sin embargo, tan plácido
como la gloria de los héroes
* * *
esos viejos textos (¡A mí, Rimbaud!)
del más joven de los modernos ya designaban
los contenidos de las crisis de angustia, sin
que pudieran traducirse a la nada
porque el dolor niega con su estruendo
las pretenciones de la nada. Un dolor
fisiológico: tendido sobre la cama, con el pecho
incisivo cubierto de espinas, con la casa
cayéndose a pedazos sobre las frazadas
con los ojos sin llanto y llenos de moho
con el estómago vacío, con los dientes sucios
de alquitrán, con la sangre alcoholizada
con vastos vasos de antídoto de la melancolía
y una noción fatídica de la belleza
como si la muerte con sus atavíos de virginidad
se sentara a los pies de la cama y me dijera:
¡has llevado una vida tan amarga!
no es justo, le digo, que tú te sientes a los pies de mi cama
sin que yo pueda levantarte la mano, vienes como una cobarde
a robarme la sombra, y yo que perdí todos los atavíos
cuando pronuncio tu nombre me siento impuro
porque todas las cosas que me pasan
las escribí en un guión con tu ayuda
no es justo, le digo, que tú puedas sentarte a los pies de mi cama
intocada, novia de la inocencia, sin que yo pueda lanzarte
por la cabeza un pisapapeles, sólo porque vienes
cuando estoy enfermo y no tengo fuerzas
visítame en el patio, si tienes dignidad, a la hora del mediodía
cuando erecto, lleno de luz, más fuerte que las bestias
con un libro en la mano y una estrella en la frente
con todas las facultades de la imaginación
pueda seducirte con mis piruetas
* * *
sólo en tu nombre me reconozco, Verena
porque tuyo es el nombre de la muerte
que se sienta a los pies de mi cama, y porque tuyo
es el dolor del mundo, y porque tuyas son
las llaves de mi casa, y porque tuyo es el sonido
del verano, y tuyo el sonido del viento en primavera
que mueve las hojas de los árboles
semejante al sonido del periódico que se lee
en una plaza en día domingo. Yo fui por tu esencia
y no hallé tu casa. Yo fui por tus jardines
y no hallé tu esencia. Fui por tus senos
y me encontré con el frío de las cordilleras
ay Verena si hubiera una casa en una ciudad cualquiera
con muebles cómodos, con ventanas amplias
y vista al mar, con una mesa larga donde pudieran
sentarse los hijos ancestrales de la serenidad
con paredes blancas donde el pavor se disipa
donde nuestros niños interiores corrieran libremente
por pasillos de luz, por galerías austeras
conducentes como un Nilo a un Mediterráneo plácido
si hubiera por lo menos una moneda
con que comprar la dicha, a ti que no te importa
si la barca del amor se rompe, en ti me reconozco por falta
de inocencia, y te añoro hacia el futuro
como una forma de salvarme del pasado
ay Verena en los ojos de los gatos vi el clima
cambiante de tus ojos, y en los tuyos la belleza
que desdeña la eternidad. Así será: que un beso
se rompa como las olas en la roca de tus huesos
y que todos los resentimientos que el desamor inventa
se mareen en un barco en el Mar de los Sargazos, donde
las corrientes se muerden la cola, y que tú misma
no sobrevivas en la memoria que te invoca
para que no sobrevivas en ningún lugar de la tierra
que te violen los asesinos, que te despedacen los lobos
y te acuerdes por fin de mí, como quien se acuerda
del albañil que le construyó una casa
* * *
buenos días vecino, buenos días a todos
los que hallo por aquí cerca. Rápido parece pasar
el día, aunque tal vez no pasa jamás como imaginamos
y todo este ánimo de levantarse y salir a comprar
el pan fresco y de ducharse y de lavarse los dientes
no tenga en verdad ningún sentido. Tal vez Zenón
de Elea tenía razón al afirmar que Aquiles no alcanza
jamás a la tortuga. Tal vez el movimiento es una pura
ilusión, y somos presos de este día. Al menos
convengamos en que es un día lleno de sol, en fin
no es un día tan malo después de todo. Han llegado
buenas noticias del extranjero, nadie ha llamado
por teléfono avisando una defunción. Se trata de un buen día
en que tal vez más tarde te visiten los amigos más queridos
y veas un buen programa de televisión. Tal vez este día
es más hermoso que un automóvil de carrera
corriendo sobre metralla. Es posible que hoy mismo
en este mismo instante un grupo de adolescentes
esté ideando una revolución nueva, y que los seres
que injustamente olvidaste hoy te recuerden con simpatía
hay muchas posibilidades en este día
porque está abierto como las flores solares
y el cielo no está dispuesto a caerse con sus cementos
de otoño, porque este azur domina las comarcas
y las aves marítimas vuelan en círculo señalando
la dirección del tiempo cuya fuerza de gravedad
de pronto ha desaparecido. Buenos días amigos
buenos días querida, buenos días a todos los que encuentro
porque se trata realmente de un gran día, de esos
en que los colegios deberían estar de vacaciones
y nadie, ni aun el más torpe, debería sentirse ocupado
en este hoy del yo que quiere ser tú y quiere ser nosotros
en este hoy en que las mujeres tristes deberían estar borrachas
y en que los borrachos perdidos de sí mismos
deberían estar lúcidos, porque en días como estos
toda noche parece improbable. Ay Verena ay melancolía
cómo quisiera aplacarte con este día, lanzártelo
como un pisapapeles por la cabeza
LO QUE LA NOCHE TRAE EL DÍA LO TRAICIONA
un viejo amor es una limousine estacionada
en un silo en el desierto, el viejo amor es
decir tiremos todo por la borda, prohibir
el bote del regreso o el cambio de bujía
tal vez
sólo se trataba de una pequeña falla eléctrica
y mandamos la máquina al cementerio, como
apuesta o invitación, tragedia o comedia
de la vida mostrándose con todas sus salsas
en el platillo del tiempo
el amor transmigra
lo sabemos por experiencia, pero el amor
no es nada, una pura alucinación del cuerpo
una danza macabra con ángeles enlutados
la misa del caos y su renovación
la oscuridad sobre todo de la noche
que el día traiciona con el trauma
del conocimiento
encontremos el silo
en el desierto, y revisemos la máquina averiada
a la luz de la nueva tecnología
pues la paz del olvido es un pez desnutrido
en el acuario de la memoria